Compararnos con los demás, puede ser motivador para mejorar y alcanzar ciertos retos. Sin embargo, puede suceder que las comparaciones no nos motiven, sino que afecten a nuestra autoestima de tal manera que nos paralicen, y nos llenen de frustración o envidia.

Si nos comparamos por baja autoestima, nuestra baja autoestima va a hacer que no seamos capaces de valorar nuestros logros y veamos siempre mejores a los demás. Si nos comparamos por perfeccionismo, siempre vamos a encontrar a personas que nos superen en ciertas cualidades, esto puede provocarnos insatisfacción por porque nunca alcanzaremos la meta.

Compararse es distinto a tomar el ejemplo de los demás. Cuando tomamos ejemplo lo hacemos ante una acción concreta, no ante un resultado o a la totalidad de la persona.

Las comparaciones son odiosas, se suele comparar lo que vemos de los otros, con todo lo que conocemos de nosotros. No son objetivas.

Una buena salud emocional, nos ayuda a no compararnos con frecuencia y a no sentirnos inferiores. A usar nuestro propio criterio para valorarnos y para decidir en qué queremos mejorar. Nos ayuda a alegramos de que a los demás les vaya bien. Y, sobre todo, a enfocarnos en lo que tenemos para poder crecer, a valorarlo y a ser agradecidos.

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